El eje intestino – cerebro, es una de las conexiones del intestino con otras partes del cuerpo que potencian nuestra salud. La mayor parte de la serotonina se produce en el intestino, esta sustancia es llamada la hormona de la felicidad, ya que nos da sensación de bienestar y tranquilidad.
Otro ejemplo de la estrecha relación entre estos dos órganos es cuando hemos tenido un disgusto, una mala noticia, o bien estamos bajo mucho estrés y notamos que nuestro intestino paga los platos rotos con inflamación, dolor, ciclos de estreñimiento y diarrea, mala digestión, es decir, lo que comamos nos cae mal. ¿Te suena familiar?
Nuestro cuerpo se encuentra poblado por millones de microorganismos, éstos se ubican en diferentes puntos como la piel, la vagina, el tracto respiratorio, el sistema digestivo: desde la boca hasta el recto. El órgano que más concentra estos seres microscópicos es el intestino grueso (el colon) y de ahí su importancia de mantenerlo sano. A este conjunto de microorganismos se les llama microbiota y los que habitan específicamente en el colon se les llama microbiota intestinal, justo de ella es que hablaremos en esta ocasión.
La microbiota intestinal está ligada al buen funcionamiento de nuestro cuerpo, esta conexión es como una autopista de doble vía, lo que hagamos por el bien de nuestro intestino impactará positivamente otras áreas del cuerpo y viceversa.
El sistema inmune y el intestino también se hablan muy de cerca. Las bacterias del intestino es una de las primeras barreras que nos defienden ante los microorganismos que nos enferman. El intestino es como una civilización en donde hay albañiles, médicos, maestros, etc, todos tienen una función dentro de esta sociedad, algunos actúan de buena fe (los que nos defienden) y otros no (los que nos enferman). Nuestro estilo de vida puede hacer que las bacterias “buenas” aumenten y mantengan bajo control el crecimiento de las bacterias “malas”, de igual forma nuestro estilo de vida puede ocasionar un desequilibrio que hace aumentar las bacterias malas, por lo tanto, nuestras defensas no serían las más apropiadas.
La microbiota contribuye en la regulación del metabolismo energético, la fibra que consumimos en alimentos integrales, frutas, vegetales y leguminosas, es transformada en sustancias que a su vez sirven de energía para el propio intestino como el butirato, en otras palabras, nos facilita el trabajo digestivo de sustancias que de otra forma no podríamos obtener energía. Cuando consumimos grasas, también nos facilitan el trabajo, dándole una mano a las sustancias que realizan la digestión de la grasa como los ácidos biliares.
Como podemos ver, estas bacterias nos ayudan a digerir y metabolizar de una forma adecuada los carbohidratos y las grasas, poniendo su granito de arena en el mantenimiento de un peso sano.

